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Inicios De Maximiliano Biancucchi
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Inicios De Maximiliano Biancucchi
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Hablar de los inicios futbolísticos de Maximiliano Biancucchi, es narrar el perfume de la reminiscencia del barrio donde vivió su infancia con los demás niños, con enojos y gritos de algunos vecinos por romper las ventanas de sus casas, castigos de las mamás y hablar en el colegio de futbol todo el día, soñando con jugar en mundiales.
Se inició en la escuela de fútbol del club Renato Cesarini de su Rosario natal. De allí pasó al San Lorenzo de Almagro, para poco después ir transferido al Libertadde Paraguay, país en donde tendría la oportunidad de forjarse como jugador profesional. En este club comenzó jugando en las divisiones inferiores hasta debutar enPrimera División en 2004. Más tarde pasó a integrar diferentes equipos paraguayos como el General Caballero, Tacuary (donde no tuvo mucha participación en el cuadro titular), y Fernando de la Mora, para el que sí jugó casi todos los partidos logrando anotar varios goles esa temporada. Esto le dio pie para fichar por el Sportivo Luqueño, club con el que realizaría una excelente temporada al consolidarse como una de sus figuras, anotando una buena cantidad de goles para ayudar a su equipo a conquistar el título de campeón del Torneo Apertura 2007. Dicho campeonato le abrió las puertas para emigrar a Brasil para incorporarse al Flamengo en donde militó durante dos temporadas, período en el que se adjudicó tres títulos. En enero de 2010 se unió a las filas del Cruz Azul deMéxico.
La abuela Celia, una persona extraordinaria y muy querida por toda la familia, que poseía dos características fundamentales que marcaron el destino por lo menos de un par de nietos en el camino del futbol; era una apasionada de ese deporte y tenía un agigantado cariño por sus nietos.
“Empecé a los cinco años, nuestra abuela Celia que es abuela en común que tengo con Lionel Messi, es la que llevó a sus hermanos y a mí a un club que se llamaba Grandoli y ahí jugábamos todos los domingos”.
“A nuestra abuela le gustaba el futbol y nos llevaba caminando hasta el club, íbamos preparados con el mate y la pasábamos bien, toda la familia somos hinchas de Newell’s Old Boys, mi abuela siempre quiso que sus nietos fueran futbolistas, inclusive nos divertíamos afuera de la puerta de su casa, le rompíamos vidrios, pero bueno siempre la recordamos de la mejor manera”.
“La que nos castigaba era nuestra mamá, pero la abuela siempre fue la que nos cuidaba, rompíamos las plantas, la verdad que la familia muy futbolera toda, los vecinos se quejaban, a veces no nos devolvían la pelota o la regresaban rota, el barrio en donde nos criamos también era muy futbolero”.
¿Crees que se está perdiendo todo ese ambiente romántico de jugar al futbol en el barrio?
“Sí, ahora en Argentina se ha puesto un poco más peligroso, antes era más sano todo, ahora los chicos quieren salir a los antros, antes les gustaba jugar más al futbol, ahora están más con el PlayStation, el ciber, aunque en Argentina en los barrios pobres es donde salen los mejores jugadores, porque es la única diversión que tienen”.
¿En qué momento decides convertirte en profesional?
“Fue raro porque yo jugaba en un club que se llamaba Tiro Suizo, quizá cuando tenía 15 años y participando en Grandoli, donde jugábamos eran canchas chicas y a una cierta edad ya no podías continuar, así que tenías que cambiarte de club y yo quedé como un año sin jugar o dos y mi papá me incentivó, -dale, a jugar, que a vos te gusta- para que no desistiera y un amigo con el que jugaba me llevó a ese club Tiro Suizo, estuve ahí un año y de ahí me fui a San Lorenzo, unos representantes me vieron y me llevaron, luego cuando vuelvo me quieren mandar a Libertad y ahí fue donde decido tomar en serio esto del futbol, porque tuve que viajar a otro país, estar solo, fue duro, tenía 17 años y ya ahí me dije -bueno, me meto de lleno al futbol-”.
Está consciente de que vino a México con un propósito, el ser campeón con Cruz Azul, cada día está más adaptado al futbol mexicano, “Me gusta el futbol de acá porque se juega bien por abajo, siempre me gustó. “
Maximiliano Biancucchi es un hombre de fe, creyente, respetuoso. “Creo mucho en el Señor, tenemos una relación linda con él, sé que me trajo con un propósito, para ayudar al equipo y sueño con ser campeón, estoy luchando y trabajando para poder darle el título a la gente y poder disputar ese mundial de clubes y bueno, lo que todo futbolista sueña”.
Esa fe y esa relación con Dios, sé que todo pasa por algo y por eso cuando uno es criticado y demás, lo toma uno con tranquilidad porque sabemos que vamos a conseguir adaptarnos, afianzarnos y darle la alegría a la gente, que la verdad me ha sorprendido como canta y apoya en el estadio”.
Este es Maximiliano, porta el número 9 en su camiseta, jugador tranquilo fuera de la cancha, pero dentro es desequilibrante, comparte el balón y aplaude los esfuerzos de cada uno de sus compañeros, para formar un equipo con fuerza y unido para brindar alegrías a sus aficionados.
“Soy bastante tranquilo, me gusta estar en el grupo que hace las bromas pero no soy el que las inicia, me gusta divertirme, creo que esa es la clave para que el grupo se mantenga con fuerza, unido, la verdad que el grupo es muy bueno, siempre lo he dicho desde que llegué y estoy muy feliz de estar acá”.

