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Hemeroteca Sobre Cruz Azul/en Alemania Aprendí Todo Lo Que Sé
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Hemeroteca Sobre Cruz Azul/en Alemania Aprendí Todo Lo Que Sé
Enviar a un amigoEl Universal Entre el andar apresurado de la gente, vértigo que lo ha contagiado, el técnico cementero relata su aventura europea. Y la voz se hunde en la nostalgia: Lo hice observando el futbol de Alemania, de Holanda, de Francia, de Italia. Aprendí a dirigir el balompié alemán. Fue la base principal. Eran, pues, sus pininos como timonel, y en un país lejos de su patria. --¿Cómo surge su viaje a territorio germano? Ya está el personaje inmerso en los recuerdos: En 1972 estuve en Munich con la selección olímpica mexicana. Ahí conocí a la madre de mis hijos (Mónica). Por ella se me abrieron las puertas de trabajar ahí. Diez años después. Llega el ansiado momento: Me fui a Alemania con la firme idea de prepararme como técnico; desde que me retiré quise llegar a serlo. Por medio de mi esposa ya tenía contacto con el equipo Unterhaching, que entonces estaba en la segunda división (hoy milita en la Bundesliga). Pero antes, Trejo jugaría un año más, en ese 1982... Nos fue más o menos. Puedo decir que jugué en el futbol alemán, que fui el primer, y único, mexicano en hacerlo. Mi mejor recuerdo es que me lesioné y que me operaron por primera vez en mi carrera futbolística. Fue lesión de meniscos y ligamento cruzado, la más peligrosa de este deporte. ¿Esa lesión lo retiró del futbol? Ya estaba retirado. Jugaba por puro gusto. Nada más porque no llegara la nostalgia. Fue con el Unterhaching, donde me convertí en auxiliar del técnico Peter Grosser. Trejo: No fue tan difícil llegar hasta ahí. Son cosas que te regala la vida. El trabajo me llegó rápido. Fue el destino el que me ayudó. No tuve dificultades, aún siendo mexicano. Es la voz pausada del timonel: Tras cinco años como auxiliar en el Unterhaching me dediqué a prepararme mentalmente para convertirme de lleno en director técnico... De los alemanes, José Luis aprendería la disciplina, la seriedad y el profesionalismo con que se manejan aquellos clubes. ---Aprendí la esencia del orden -dice--. Ellos no son gente de improvisación... Les hace falta un poco de mentalidad latina. Soy de la idea de que en ocasiones es bueno improvisar. Los alemanes son muy sistemáticos, metódicos y se mantienen bajo esos patrones todo el tiempo. No se salen del librito. Tal vez necesitan influencia latina. Yo, en mi trabajo, combino los dos aspectos. En Alemania tienes que ir paso por paso para conseguir el título: hay que pasar por tres etapas: primero sacas la licencia B, luego la A y finalmente la de Primera División. En la B tienes la obligación de trabajar en fuerzas básicas y presentar un curso de arbitraje, tarea que debes realizar un año como mínimo. Yo trabajé dos años con los infantiles. Prosigue: En la A aumentas de categoría y puedes dirigir escuadras de segunda y tercera división; ya estás enfrente de adultos. Y luego viene el último peldaño, cuando estás capacitado para dirigir a un equipo de primera. Pero ahí sí es complicado que te den la oportunidad; el puesto está muy peleado. ¿Cómo llegó al Bayer Munich? Durante ese tiempo logré algunos contactos: conocí a gente como Paul Breiner, Gerd Muller, Aurgentaler... Los conocí jugando al futbol en partidos de invitación. Pero fue por medio de Muller que llegué al Bayer: me invitó a trabajar con los juveniles de 18 años. Era director de esa categoría. Aprieta los labios en señal del tiempo que se ha ido. Dice, sin aguardar más: --Va para largo mi relación con los jóvenes. Con los muchachos de 18 años trabajé los últimos cuatro años de mi estancia en Alemania. Para mí fue la experiencia más importante, porque viví junto a los jóvenes, buenas y malas experiencias. De aquella camada algunos llegaron a la liga premier, pero muchos se perdieron y eso que tenían buenas cualidades... No encontraron el éxito. De todos los que fueron desechados, por lo menos 10 jugarían en México sin ningún problema. ¿Qué les impidió llegar a lo máximo? Pues en algunos casos la falta de mentalidad, en otros la falta de voluntad para acatar las exigencias del técnico y también porque allá también se le da mucha preferencia a los extranjeros, principalmente en los equipos grandes. En Alemania aprendí mucho de lo que sé: llegué como un adulto inexperto, sin solidez y allá encontré experiencia para sortear con mayor tranquilidad los obstáculos que la vida te va poniendo. Fue a puros sufrimientos. ¿Por qué lo dice? Estar lejos de tu país no es de color de rosa. Catorce años en Alemania. ¿Al regresar a México encontró el mundo al revés... ¿Cuál al revés? Encontré a un México igualito al que me despidió, con los mismos problemas y altibajos. ¿Y en el futbol? Lo mismo: problemas entre directivos y jugadores, trampas, irregularidades en los reglamentos, promesas... Cero evolución. Desde que me fui se hablaba de grandes proyectos e ideas renovadas. El cuento de siempre. La historia de nunca acabar. ¿Por qué regresó? Tuve un acercamiento con Enrique Borja. Me invitó venir a México para iniciar un proyecto de fuerzas básicas con el Necaxa. Sabía de mi experiencia con los jóvenes. Fue en 1995. En principio lo dudé, tenía mi trabajo seguro en Alemania. Lo que me movió a volver fue el gusanito de estar otra vez en el medio mexicano. Tomé la determinación y que me vengo a probar suerte. Dejaba Trejo una sociedad diferente, otra costumbre. --La gente tiene otra forma de ser, una educación más rígida. Cuando me subí al avión rumbo a Alemania desde ahí sentí que mi vida comenzaba a cambiar. Modificas tu personalidad, se te abre el panorama. Tienes dos caminos: o te abres o te aislas, porque el contacto con las personas está ahí para que lo tomes o le dejes. Fui aceptado como uno más del clan. No fue fácil entrar, aunque al alemán le agrada que haya gente que se preocupe por él. Si un extranjero es altruista, ellos te abren las puertas. Tal vez se repite la historia de aquí, porque en México tampoco nos abrimos sin pensarlo. José Luis: Todas las sociedades tienen sus reservas. Los alemanes son lógicos, le huyen al apasionamiento y eso los convierte en personas frías. Son de una cultura que se mueve en un raciocinio lógico. Es, al fin y al cabo, el primer mundo, donde no existen los grandes pleitos ni las tonterías a discusión. La actitud es fría. ¿Le desagradó el trabajo que se hacía con los jóvenes? No, fueron pasitos que di aún sin saber lo que ofrecería el futuro... ¿Con quiénes trabajó?, ¿Hay alguno de esos chicos necaxistas que haya llegado a primera? Luis Pérez, por ejemplo, era ya un juvenil destacado. Tenía 15 años. Tres años con los Rayos antes de hacerse auxiliar de De los Cobos y Milutinovic. Y vino la oportunidad de dirigir en primera, a Toros Neza. ¡Esa etapa no la toques ni en broma! condiciona y el rostro dibuja arrepentimiento. Luego: No te creas... ¿Por qué no tocarla ni en broma? Fue una mala experiencia y uno siempre quiere borrar las malas de tu cabeza. Estuve menos de una temporada en Neza. Entré a un equipo con problemas internos y deportivos, que estaba metido en lo del porcentaje. No me achiqué cuando me lo propusieron: sabía lo que me esperaba. Me gustó el reto, era mi oportunidad de debutar en primera, pero ahora el destino, otras veces amigo, me dio la espalda. Así pasa: a veces estás bien, a veces mal, a veces loco, a veces alegre, a veces muerto... Después del despido en Toros Neza, Trejo recibe la oportunidad en Cruz Azul Hidalgo. Estuvo un par de años y llegó a dos finales, que perdió ante Curtidores e Irapuato. Y luego, el reto: dirigir al primer equipo. ¿En esa ruleta de sensaciones imaginaba dirigir a un club en la final de la Copa Libertadores? Ni en mis ratos de ilusión lo imaginé. Soñarlo sí, porque quien no trabaja la mente en lo positivo siempre seguirá en la mediocridad. ¿Cree en el destino? Desde luego. Son cosas del futbol, cada quien tiene marcado un camino, de bendiciones y tristezas...
Domingo 15 de julio de 2001 Dos pasajes vienen a la memoria de José Luis Trejo: sus inicios como entrenador y el país al que considera su segunda patria: Alemania. ¿Cómo se convierte José Luis Trejo en técnico de futbol?
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Posee carnet de técnico alemán, obtenido en la escuela Heenef, al norte de país.
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El gesto refleja desilusión, desencanto...
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En Necaxa, Trejo buscaría nuevos horizontes: director deportivo, presidente, aunque sin alejarme del trabajo de cancha. Después, Carlos de los Cobos lo incluyó en su cuerpo técnico de la selección que participó en los Juegos de Atlanta 96. Y más tarde lo hizo Bora Milutinovic en su etapa de técnico tricolor rumbo a Francia 98, desde finales del 97 al inicio del 98.
