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De Corazon Y Sangre Azul
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De Corazon Y Sangre Azul
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Juan Francisco Palencia: De corazón y sangre azul
A la salida de Carlos Hermosillo el Cruz Azul buscaba a un nuevo líder; el 'Grandote de Cerro Azul' dejaba su huella con la octava estrella en el escudo celeste y partía para el torneo de Invierno '98 a las filas del Necaxa. La institución celeste que a lo largo de su historia (y sobre todo con los títulos obtenidos) había plasmado en letras de oro los nombres de muchos de sus 'héroes', buscaba en la plantilla que recibía la estafeta a un hombre que fuera capaz de revivir las glorias de aquél equipo de los 70's, o de menos, la gloria de ese equipo de sangre azul del Invierno '97. En esa plantilla había dos hombres capaces, uno de ellos, Juan Francisco Palencia, hombre de corazón y sangre azul...
Mis primeros recuerdos del llamado 'Gatillero' Palencia, se remontan a ese torneo de Invierno de 1998. Era (y sigue siendo) un jugador con mucho corazón, lleno de pasión por su trabajo y un hombre que nunca dejaba de luchar. Quizá no era un hombre muy técnico, pero lo suplía con una buena condición física y ambición en el campo. Aún recuerdo con cariño ese 'clásico joven' (que entonces se jugaba como tal, como clásico) del torneo que les platico. Esos eran los años en los que se notaba que era un partido que no debía de perderse. Juan Francisco Palencia abría ese marcador en cancha del Azteca que mataría al América con un contundente 3 a 1.
Pero fue en ese mismo torneo donde sufriría una de las primeras derrotas dolorosas. Si bien ya platiqué del Pumas 0 vs. Cruz Azul 5 en este blog, mi primo me recordó aquella derrota dolorosa para los azules en cancha universitaria dentro de los cuartos de final; aquella serie donde el Cruz Azul parecía que lucharía por esa ansiada novena estrella que hasta la fecha no llega. Sin embargo, en la sangre de ese verdadero ídolo, veía recompensada mi pasión y afición por el equipo que nunca dejaré de querer.
Otro momento que queda grabado en mi memoria, fue precisamente en el torneo de Invierno '99. Otro frío invierno le aguardaba al Cruz Azul en lo que eran mis primeros años de aficionado azul. El Cruz Azul llegaba a una final después de haber liquidado al América, el odiado rival en su propia casa (esos eran los años en los que el Cruz Azul ejercía una paternidad que hoy extrañamos). Tras haber empatado a dos goles en el Estadio Hidalgo, el Cruz Azul buscaba campeonar en su propia casa. La historia la conocemos todos, los Tuzos de Javier Aguirre se coronaban y los aficionados azules llorábamos la derrota...
Recuerdo muy bien ese 19 de diciembre de 1999. Yo estaba en la cocina, viendo la televisión y sin fuerzas para poderla apagar. Mis ojos estaban casi llorosos, estaba callado y sumamente triste. Media hora, si no mal recuerdo, estuve pegado a esa televisión sufriendo al ver con la copa al equipo enemigo, ese equipo que nos había arrebatado la novena. Acto seguido subí a mi cuarto, el lugar donde colgaban un banderín, un póster y otro adorno que hasta la fecha siguen en las paredes de mi cuarto. Subí a mi cuarto y los arranqué, estaba molesto y no quería verlos; me dolía la derrota y los coloqué bajo mi cama.
Pero como me enseñó ese héroe azul, ese guerrero de apellido Palencia, a los pocos días me reconcilié con mi equipo y aprendí una lección que jamás olvidé: Al final todo era un juego. Y dos años después, aunque sin título de nuevo, los guerreros de sangre azul me regresaron una sonrisa que jamás olvidaré. Todos ellos guiados por el capitán Paco Palencia, llegarían a la final de la Copa Libertadores 2001 donde perderían apenas en penaltis con el mundialmente conocido Boca Juniors.
Fue esa misma copa la que me hizo admirar a un Paco que se lució con la camiseta azul que amó cuando la vistió. Aún queda en mi memoria la imagen de su gol en La Bombonera y la forma de celebrarlo. Aún recuerdo esos goles frente al River Plate en cancha del Azteca que se vestía de azul. Esos mismos recuerdos me fueron siguiendo hasta la inminente salida de mi ídolo azul en 2003. Casi de manera profética desde su salida, el Cruz Azul no le gana al América (ni en las canicas), y quizá por un tiempo se alejó la magia y la lucha en el equipo del que me enamoré.
Su salida, y no es un misterio, su salida se fraguó en medio de algo que ha sido constante en una directiva azul que le ha hecho tanto daño al equipo de mis amores. Digo, no por nada el ídolo azul saldría muy molesto de la institución que le vio nacer, que lo formó, que lo hizo una estrella y sobre todo, un equipo al que Paco tanto le entregó. Por eso me dolió el primer gol que le anotó al Cruz Azul, y que además, festejó de manera eufórica. Yo entendí que ese festejo no era en contra de nosotros, los aficionados, sino en contra de aquellos que lo sacaron de la máquina celeste.
Por eso mismo guardo con cariño el autógrafo que tengo de él en uno de mis libros con la historia celeste; por eso mismo no le guardo rencor sino toda mi admiración, porque a pesar de que vista otra playera, para mí siempre será ese ídolo del Cruz Azul en los gratos recuerdos de mi infancia. Sus orígenes son de la Cruz Azul y ahí es donde se hizo grande. Por esa misma razón, en la semifinal frente al equipo de Puebla en el pasado torneo Clausura 2009 (a invitación de mi primo y en pleno Estadio Universitario), me levanté a aplaudirle cuando anunciaron su ingreso. Aunque tuviera otra playera, yo le reconocía y le seguiré reconociendo su entrega, porque para mí Paco Palencia siempre será, de corazón y sangre azul.
Si Carlos me hizo aficionado al Cruz Azul, Paco me hizo amar al Cruz Azul...
