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Carlos Hurtado

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Carlos Hurtado

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Carlos Hurtado, la mano que mece la cuna Pocos lo han visto, pero todos saben de su existencia y del poder seductor que lo ha llevado a ser el hombre fuerte del futbol mexicano

Quiso ser futbolista pero no podía porque sus propias limitaciones le daban a entender que en el campo no estaba lo suyo, sin embargo era inevitable separarse del pasto, del vestidor, de ganar con un equipo.

Manuel Manzo fue su compañero de fuerzas inferiores. Inevitablemente cada vez que se enfrentaban en las canchas de Ciudad Universitaria le daba más rabia e impotencia saber que no tenía la clase y categoría del otro quien le aconsejaba desde el fondo: “échale ganas”. Manuel Manzo no vive mal pero pasó bruscos cambios de la fama a la pobreza hasta que pudo estabilizarse.

En cambio, ese muchacho al que siempre dejaba tendido en el césped hoy tiene 50 millones de dólares en su cuenta, dos mansiones, una en Miami y otra en Santiago de Chile, cerca de 400 futbolistas, 20 entrenadores y 10 técnicos.

Es Carlos Martínez Hurtado, Don Carlos para los que más le quieren, simplemente Carlos para los que le conocen y el mito de su nombre para siempre en el futbol mexicano al que entró con fuerza despojándose de su primer apellido.

Ajeno a los medios de comunicación es sin embargo, un detective de cada texto que sale publicado de él o de lo que se oye en la televisión. Siempre investiga, avanza, sabe dar pasos anticipados.

Tipo refinado, que tiene buen gusto, que sabe catar la bebida cara y que es el dueño del futbol mexicano.

Muchos lo satanizan, otros lo culpan de los errores del futbol pero él en realidad sólo es un eslabón más en una larga cadena de improperios… un eslabón sin embargo, chapado en oro.

Enigmático, escurridizo, zigzagueante como serpiente y astuto como un zorro en el desierto. Su último amigo es José Luis Sánchez Solá y su último enemigo, cuentan, Raúl Arias. Le gusta mucho el restaurante San Angel Inn, lugar casi siempre del cierre de negociaciones cada vez que viene a México, es decir, el fin de un torneo corto que traerá invariablemente la visita de ese Mercedes Benz negro a los campos del Toluca, América, Santos o Puebla.

Al ver que no sólo Manuel Manzo lo dejaba mal parado y ridiculizado, visualizó un futuro mejor para él.

Entendió que el dinero no estaba en el terreno de juego, sino fuera de éste y sin poseer licencia FIFA es el promotor más exitoso del futbol mexicano.

Cuando uno se sienta con él hay una calidez extraña. Bebe con calma, casi con parsimonia, habla de religión, familia y anécdotas de futbol. Tiene empero un buen ojo para detectar jugadores que vende en cada equipo después. Se sabe el nombre de las secretarias de todos los clubes en los que trabaja y a cada una le manda un regalo en su cumpleaños.

Sana cada día su inteligencia, se da cuenta cómo perforar los más duros ladrillos del futbol mexicano. Terminó de estudiar en la UNAM administración de empresas y se alió con uno de los directivos más fuertes del futbol nacional, Guillermo Álvarez Cuevas quien en más de una ocasión ha aceptado el trabajo global que realiza con Hurtado. Caso concreto, el traspaso de Ramón Núñez a La Máquina este verano.

Quiere a Billy, metería no sólo las manos por él sino el pecho a la hoguera, fue su padrino en el futbol y tienen una amistad sincera y generosa. La Noria podría ser la casa de Hurtado en México, una avenida siempre abierta para sus extranjeros. Por eso, cada que puede le advierte al rival en turno de los cementeros, “recuerden que van contra mi hermano Billy”, es una frase, un cuento porque a pesar de todo, igual le conviene que venzan a Cruz Azul.

Su fórmula es correcta, improbable al error. Mete cuatro extranjeros por equipo, uno malo, uno bueno y dos regulares y así pasa el ciclo de la vida. Cada favor en el futbol se tiene que pagar y uno de los que más saben eso es Luis Fernando Tena, tal vez el técnico más consentido de Hurtado a tal grado que el torneo anterior dirigió a dos equipos, Morelia y Jaguares y si el Flaco se queda sin trabajo, sabe que tiene el respaldo económico del promotor en lo que encuentra trabajo.

Muchos le quieren, saben que es la única manera de seguir vigente en el medio y por eso le rinden tributo aunque no lo sientan en el fondo, es una especie de miedo camuflajeado con respeto.

Tiene una cofradía, La cascarita como la bautizó. En ella juegan Manuel Lapuente, Ricardo La Volpe, Jesús Martínez, Justino Compeán, Rubén Omar Romano, Mario Carrillo- este último ya distanciado un poco de él-, Benjamín Galindo, Sergio Bueno, entre muchos más que extienden una lista íntima. Y de los pobres que entraron y no supieron aprovechar el favor están dos claros: Isaac Mizrahi y Víctor Manuel Aguado.

Hurtado está hecho para el futbol y el negocio. Le llama a las cosas por su nombre, pero el nombre que él les da.

Convierte a los anónimos del futbol en super estrellas por medio de planes tan milimétricos que funcionan.

Ensucia el camino de uno de sus entrenadores para poner a otro… más adelante le encontrará lugar, siempre habrá cupo, siempre habrá tiempo para tomarse un trago con Carlos Hurtado.

Pocos lo han visto, pero todos saben de su existencia y del poder seductor que lo ha llevado a ser el hombre fuerte del futbol mexicano

Quiso ser futbolista pero no podía porque sus propias limitaciones le daban a entender que en el campo no estaba lo suyo, sin embargo era inevitable separarse del pasto, del vestidor, de ganar con un equipo.

Manuel Manzo fue su compañero de fuerzas inferiores. Inevitablemente cada vez que se enfrentaban en las canchas de Ciudad Universitaria le daba más rabia e impotencia saber que no tenía la clase y categoría del otro quien le aconsejaba desde el fondo: “échale ganas”. Manuel Manzo no vive mal pero pasó bruscos cambios de la fama a la pobreza hasta que pudo estabilizarse.

En cambio, ese muchacho al que siempre dejaba tendido en el césped hoy tiene 50 millones de dólares en su cuenta, dos mansiones, una en Miami y otra en Santiago de Chile, cerca de 400 futbolistas, 20 entrenadores y 10 técnicos.

Es Carlos Martínez Hurtado, Don Carlos para los que más le quieren, simplemente Carlos para los que le conocen y el mito de su nombre para siempre en el futbol mexicano al que entró con fuerza despojándose de su primer apellido.

Ajeno a los medios de comunicación es sin embargo, un detective de cada texto que sale publicado de él o de lo que se oye en la televisión. Siempre investiga, avanza, sabe dar pasos anticipados.

Tipo refinado, que tiene buen gusto, que sabe catar la bebida cara y que es el dueño del futbol mexicano.

Muchos lo satanizan, otros lo culpan de los errores del futbol pero él en realidad sólo es un eslabón más en una larga cadena de improperios… un eslabón sin embargo, chapado en oro.

Enigmático, escurridizo, zigzagueante como serpiente y astuto como un zorro en el desierto. Su último amigo es José Luis Sánchez Solá y su último enemigo, cuentan, Raúl Arias. Le gusta mucho el restaurante San Angel Inn, lugar casi siempre del cierre de negociaciones cada vez que viene a México, es decir, el fin de un torneo corto que traerá invariablemente la visita de ese Mercedes Benz negro a los campos del

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