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La maldición del superlíder

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La maldición del superlíder NOTICIA

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el 22-11-2010 a las 01:49

Fuente: El Universal

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Los Pumas de la UNAM, una vez más vistieron de gloria los colores azul y oro al realizar la hombrada de eliminar a La Máquina Celeste del Cruz Azul en los cuartos de final del Torneo Apertura 2010.

Me dio la impresión de que el Cruz Azul saltó sobrado al terreno de juego, “de lente oscuro”, sintiéndose virtualmente campeones, olvidando que la suerte es traviesa cuando se teje al azar.

Para colmo de males, se encontraron con unos leones rasurados, que en esta ocasión combinaron la garra y la entrega con el buen futbol; así como, con un silbante que no le tiembla la mano cuando de impartir justicia se trata, sin importar que sus decisiones terminen por afectar al equipo local.

Como si se tratara de una película de terror, todo les salió mal a los Cementeros. No estaba en el guión que los universitarios se fueran arriba en el marcador con un “gol de vestidor”. Luego, como una premonición de mal agüero, se lesionaron Gerardo Torrado y Alejandro Vela; para que en el colmo de las calamidades, Horacio Cervantes perdiera la cabeza al hacerse justicia por su propio pie, ganándose legítimamente la tarjeta roja, cuando agonizaba la primera mitad del cotejo.

De cualquier forma, mientras los de La Noria estuvieron completos… Les pusieron un baile.

Para la parte complementaria, los azules se replegaron y fue hasta faltando seis minutos para que terminara el partido, cuando Araujo metiera infantilmente la mano en su propia área penal, para que chiquimarco señalara la pena máxima.

El Ojitos Meza también lleva vela en este entierro. Escapa a mi entendimiento por qué alineó a Araujo, teniendo gente como Joel Huqui o El Catita Domínguez… Terminó pagando caro su osadía.

Al grito de “verbo mata carita”, los Pumas, sin algo que perder, rompieron todos los pronósticos derrotando al equipo con más puntos, que había ganado todos los encuentros en su estadio, a la mejor ofensiva, a la oncena menos goleada y ya están en semifinales… ¿Cómo no te voy a querer?

Ya lo dijo el filósofo contemporáneo de la música vernácula; tal y como se lo confesó un arriero: “No hay que llegar primero… hay que saber llegar”.

La pelota es redonda, el rectángulo de 105 metros de largo por 68 metros de ancho, mide lo mismo para ambas escuadras en la cancha. No se puede ganar un partido sin jugarlo.

No es la primera vez que el octavo lugar deja fuera de la gran fiesta al primero, haciendo valedera… la maldición del superlíder.

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